Por qué no vendemos herramientas, resolvemos problemas
En mayo, nuestra web nombraba Notion, Airtable y Zapier en cada tarjeta de servicio. Al día siguiente los quitamos. Las herramientas son buenas, pero nombrarlas respondía a una pregunta que ningún cliente nos había hecho.
Lo que busca quien dirige un negocio
Quien lleva un pequeño negocio piensa en cosas como «otra vez estoy copiando pedidos de un correo a una hoja de cálculo» o «no sé qué cliente me debe dinero sin abrir tres sitios». Quiere recuperar esa hora y dejar de cometer el mismo error.
Si lo primero que ve es el nombre de un programa, la conversación cambia de tema. Dejamos de hablar de su hora perdida y empezamos a discutir si le conviene más Airtable o Notion. Esa conversación es más cómoda para el consultor y le sirve de poco al cliente.
Una propuesta atada a una marca envejece con ella
Los programas de moda hoy no serán los mismos dentro de tres años. Los problemas sí: la información repartida en demasiados sitios, las tareas que alguien hace a mano cada semana, el dato que existe pero nadie ve a tiempo. Si nuestra propuesta gira alrededor del problema, sigue valiendo cuando cambie la herramienta.
La mejor herramienta suele ser la que ya tienes
Muchas veces el negocio ya paga algo que resolvería el problema si alguien lo configurara bien: el correo, la hoja de cálculo, el programa de facturación. Empezar por una herramienta nueva añade una cuota, un tiempo de aprendizaje y otro sitio donde buscar las cosas. Por eso trabajamos con lo que tu equipo ya usa y solo proponemos algo nuevo cuando lo que hay no llega.
A veces ni siquiera hace falta tecnología. Una plantilla o decidir quién se encarga de qué arregla más que cualquier automatización.
Cómo empezamos
Antes de hablar de ningún programa, nos sentamos con el equipo y miramos cómo se mueve el trabajo: qué se copia dos veces, dónde se espera, qué se olvida. De ahí sale una lista corta de problemas ordenados por lo que cuestan. Después decidimos cómo resolver cada uno, y la herramienta se elige al final.
Una prueba para cualquier consultor
Si en la primera reunión te hablan del producto antes de preguntarte cómo trabajas, desconfía. Al salir de una buena primera reunión deberías poder explicar tu propio problema mejor que al entrar.
¿Tienes una tarea que te roba horas cada semana? Cuéntanosla y te decimos, sin compromiso, si merece la pena resolverla y cómo.